Ojo sin cuerpo: sobre una muestra de Nancy La Rosa
Mijail Mitrovic

2012

La existencia de sociedades no contactadas por Occidente cuestiona la composición imaginaria y física de los estados nacionales. El carácter de la evidencia no puede ser más simbólico: huellas. Índices de un paso que burla la paciencia con la que se inspeccionan sus rastros, siempre aventajando tanto a los que buscan mantenerlos puros como a los que niegan su existencia. Hay deseos en torno a los no contactados. Deseo en sentido estricto: oscilaciones alrededor de un vacío, un límite a lo que podemos pensar y aprehender de forma transparente. De allí que tantas pasiones convoque el terreno sobre el que Nancy La Rosa construye la obra que compone Manifestaciones de una lejanía.

Hagamos caso al título de Nancy: algo de los no contactados se manifiesta desde ese lejos que es desde donde habla. Una voz de la que no tenemos registro, supuesta al fin y al cabo, de la cual nada se sabe. La distinción entre no contactados y aquellos pueblos que se mantienen en aislamiento voluntario es importante, por lo que nos referimos únicamente a la primera categoría. Pero el trabajo de la artista no opera sobre lo auditivo, sino sobre la imagen; es decir, no introduce en la obra una voz para hacer metáfora del silencio de lo que no conocemos, sino que trabaja a partir de las imágenes disponibles –investigadas, encontradas, claro está- que dan cuenta (para alguien) de la existencia de aquellos pueblos.

Asentamientos temporales convierte esas imágenes en la imagen naturalista del siglo XVIII que los viajeros europeos producían al visitar las tierras latinoamericanas. La mirada detrás de las imágenes es la de la observación científica y objetiva que tanto fascina a cierta modernidad: un ojo sin cuerpo, tan poco encarnado que nada tiene que mostrar de lo que se mira. Lejos de un ojo que se encarna, estamos frente a una pura objetividad. Tan objetiva, entonces, que nada puede mostrar más que algunas sombras delineadas en medio de la selva.

La paradoja fundamental de estos pueblos es clara: de ser contactados, dejarán de ser lo que son para el imaginario occidental. Paradoja que atañe al antropólogo directamente, ya que el propio método etnográfico, de ser empleado, sería el fin del objeto o sujeto de estudio. Pero no todo de la propuesta de Nancy apunta a la imagen y su ceguera constitutiva, pues la pieza Las pertenencias del aire justamente pone en escena al oído, a través de la palabra. La escucha atenta –lección fundamental de Ino Moxo- destruye la dictadura de la imagen con que nos aproximamos a la selva.

No está de más señalar aquí que el registro imaginario se diferencia del orden simbólico en que el segundo está constitutivamente abierto, mientras que el primero produce la ilusión de cerrazón y totalidad. Lo simbólico se caracteriza por ser el dominio del significante, mientras que lo imaginario trabaja con signos (sigamos la definición de Saussure), es decir, con la ilusión de complementariedad entre el significante y el significado. Así, Las pertenencias del aire invita a abrir el proceso de simbolización y significación de la muestra, invitando a des-imaginarizar las estables imágenes producidas por el ojo sin cuerpo que hoy, antes que científico, es un ojo mediático.